No somos exactamente simétricos, y tampoco somos iguales, así que no te angusties si a tus amigas no les pasa lo mismo que a ti.
Cuando estás en pleno desarrollo, generalmente un seno empieza a crecer antes que el otro, y casi siempre es el izquierdo. Al final de la adolescencia los dos senos deben ser iguales, o semejantes, así que es probable que todavía no hayan terminado de crecer ni de alcanzar la forma definitiva. Además, es posible que no vayan a quedar exactamente iguales.
Lo más importante es que distingas entre lo que es normal y lo que no lo es. Si la desproporción es muy notoria, y, además te duele o te molesta, no esperes ni un instante y consulta a algún médico, para que te asegures de que no es nada grave y puedan confirmarte que, efectivamente, sólo se trata de un proceso normal que tu cuerpo está experimentando.
Pregúntate si no estás exagerando y consúltalo con tus amigas y tu mamá, para que sean ellas la que te puedan dar una opinión más objetiva y fiel, ya que además, podrán verte desde otro punto de vista. No tengas miedo a preguntar, no te guardes las dudas y mucho menos te sientas mal o rara. Es más común de lo que crees.
Acuérdate que mínimo una vez al mes debes hacerte un chequeo tú solita. Aprende a tocarte y a distinguir lo que no sientas que está bien, como algunas bolitas o nudos; y avisa si sientes algo diferente, para que puedas hacerte estudios e ir al médico. Sólo así podrás recuperar la tranquilidad de que no tienes nada grave.