A través de los tiempos las mujeres han usado diferentes formas de protección menstrual. En la antigüedad, solían utilizar toallas o paños de tela de algodón a las que llamaban compresas.
Eran trapitos que no se descartaban o tiraban sino que se lavaban a mano y se volvían a utilizar. Para quitarles las manchas y que quedaran nuevamente blancos e impecables, libres de bacterias, se les debía dejar al sol con jabón o mejor aún, hervirlos durante algunos minutos para matar cualquier bacteria y mal olor y así mantenerlos limpios e higiénicos.
¡Nada más lejos de las maravillosas toallas femeninas absorbentes, higiénicas, adherentes y desechables de Always que tenemos hoy en día!
Este sistema acarreaba problemas de higiene, manchas e incomodidad. Ni hablar de las creencias de que una no se podía bañar o hacer ejercicio porque eso interrumpía el período y a algunas mujeres se les exigía estar en reposo durante esos días como si el período fuera una enfermedad.
En algunas culturas antiguas, las mujeres con la menstruación eran consideradas impuras y debían permanecer separadas del resto de la población hasta finalizar su período, para no contaminar a todo el grupo. De hecho en varias religiones, las mujeres tras su período deben tomar un baño ritual para purificarse.
Cuando aparecieron comercialmente las primeras toallas sanitarias desechables, a finales de la década de 1890, tuvieron que transcurrir varios años hasta que se convirtieran en un artículo de uso común para el público femenino.
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