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Añadido  marzo 22, 2013

Compartiendo las tareas del hogar

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-“Odio cuando mi madre me pide que la ayude a hacer las labores del hogar, y ella actúa como si fuera muy divertido”-. Dice Loris, arrugando la cara. -“No soy una trabajadora de limpieza. Si antes trabajar como un esclavo no era gracioso, ahora menos. Eso de estar lavando platos, doblándose en la lavadora, o pasando la aspiradora por toda la casa no va conmigo”-.

“Haré mis quehaceres del hogar por las buenas”-. Explica Sofía. -“Sólo si mi hermano hace lo que le corresponde a él. Nadie le pone a él el trabajo duro, incluso, nadie lo interrumpe cuando está hablando por teléfono, en cambio a mi, si me ven hablando por teléfono con mis amigas, mi mamá me dice: “-¡Hasta cuándo hablarás, deja ese teléfono y arregla tu cuarto!-”. Los chicos siempre serán chicos y más privilegiados que las chicas. Al menos eso pienso. Eso no es justo”-.

-“No me importaría ayudar”. Dice Victoria, “Si mis padres me dejan hacer el trabajo a mi manera. Vivimos en una casa, no en un hospital, soy la hija, no una sirvienta, y odio los guantes de limpieza. Además mi madre está pendiente de que si limpié bien el piso, sacudí el polvo de los muebles y si no le gusta lo tengo que repetir, en fin… todo queda evidenciado ante los “ojos ultra sónicos” de mi mamá. Si la forma en como limpio no es suficiente, pues entonces ¡que lo haga otro… así de sencillo!”-.

Escuchen Chicas…

…Afróntenlo, tendremos que pasar el resto de nuestras vidas escuchando sobre el polvo y la suciedad. Claro que si no existieran, en vez de limpiar estaríamos haciendo algo más divertido. Todos alguna vez hemos tenido que escuchar a nuestros padres recordarnos cuan duro ellos tenían que trabajar cuando eran adolescentes. -“Todos teníamos una u otra condición si nos negábamos a hacer lo que nos correspondía; por ejemplo no nos dejaban salir, o nos dejaban de comprar algo. Siempre había una condición que nos obligaba a hacer las labores de la casa, así que ustedes no tienen por qué comportarse así. Si nosotros lo hicimos, ustedes también”-. Así son ellos.

Algunas investigaciones demuestran que un 80% de las chicas hacen más del trabajo de la casa que los chicos, ellos tienen un 60%. Los investigadores encontraron que un 90% de las personas pierden al menos la mitad de sus fines de semana haciendo labores hogareñas, y quedando con la sensación como si después del viernes en la noche llegara la mañana del lunes y otra vez al trabajo. La pregunta no es si tus padres esperarían que les ayudaras, sino, cómo puedes hacerlo, con el mínimo número de tareas.

Es duro discutir contra cada miembro de la familia en relación con las tareas que a cada quien le correspondan para mantener el lugar donde viven limpio y saludable. Aunque después de todo, hay un sentido del orgullo en querer terminar la limpieza muy bien. Si cada uno colaborara, existiese un apoyo moral general que apaciguaría las asperezas de las obligaciones. De gustar o no, esa cosa sobre las tareas enseñan acerca de la responsabilidad y de desarrollar un trabajo ético y con algo de validez.

Así que, si estamos de acuerdo en empezar a trabajar duro, entérate cómo podemos hacerlo con la menor mortificación posible.

  1. Pídele a tus padres que hagan una lista de las cosas que hay por hacer. Habrá una probabilidad en una docena de tareas diferentes. Escoge un par de la lista fatal, alguna de nosotras podría incluso arreglar la cama en vez de lavar los platos, recoger la basura, en vez de tirarla al lavaplatos. En fin, tú tendrás la decisión sobre qué hacer.
  2. Asegúrate que todos estén de acuerdo con las tareas. Sé específica. ¿Limpiar el baño significa desinfectar el inodoro, el fregadero, la cesta de ropa, el piso y sacarle brillo al espejo? Estarás menos molesta si sabes que estás culminando el trabajo sin ser criticada por no hacer lo que te correspondía.
  3. Haz un horario que te diga cuándo quieres que las cosas sean hechas. Asegúrate que cada actividad que necesites hacer esté disponible y que sepas en donde las vas a hacer. No busques controversias al decir que estuviste ansiosa por limpiar.
  4. Gánate la confianza de tus padres. Dile a tus padres que tomarás la responsabilidad de arreglar tu habitación regularmente. Pero si algún día no te da tiempo de hacerlo todo… cierra la puerta para que ellos no lo vean.
  5. Establece un horario que diga cuándo las labores deben ser realizadas. Nadie quiere que le digan que no puede ir al centro comercial porque la ropa no fue doblada. Nadie quiere que le digan “¡HAZLO AHORA!”. Si tienes que hacer algo no muy agradable, asegúrate al menos que no sea en el horario de tus series de televisión favoritas, o te sentirás más frustradas.

El 61% de adolescentes entrevistados en una reciente encuesta dijeron que sacar los permisos en casa dependía de las labores del hogar. No hay pequeñas herramientas de negocio. Si tus padres se oponen fuertemente por pagarte el trabajo que tienes que hacer, entonces que te den otra recompensa… como por ejemplo, una ida al cine, comer helado, una hora más de libertad en una salida. Si tienes otra pregunta, sobre llevarse bien con mamá, asegúrate de preguntarle a Tina. 

 

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comentarios
NaomíOHO
NaomíOHO
Publicado el noviembre 07, 2012
Ojalá mi mamá diera ese tipo de recompensas o...diera recompensas... si hago que hacer, pero si me gritan, no, no.
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