Una vez conocí a alguien que desesperada por olvidar a su ex novio, decidió hacer un “conjuro”. A mitad de la madrugada, muy silenciosamente, subió a su azotea y en una cubeta vieja quemó todas las fotos del innombrable, repitió algunas palabras sin sentido y después se fue a la cama esperando que al día siguiente se sintiera mucho mejor. Lamentablemente, no pasó nada y se siguió sintiendo igual de miserable pero la buena noticia es que en su calle se corrió el rumor de que todas las noches un hombre bailaba desnudo alrededor de una fogata en la azotea de su casa, eso causó que sus vecinos le tuvieran miedo y entonces jamás trataron de robar su casa.
El punto es que no hay una manera específica para olvidar a un ex. En realidad todo se vale, uno tiene que hacer lo necesario para cerrar círculos, es básico terminar asuntos pendientes. Lo difícil es saber exactamente qué conseguirá que olvides tu ruptura, de hecho necesitas mucha medicina del alma.
En primer lugar, tienes que juntar todas tus fuerzas para ver las cosas con otra perspectiva, tener muy claro que tu persona es lo primero y quererte muchísimo, porque la verdad, no necesitas de nadie para sentirte completa. Piensa en todas las cosas buenas que sucedieron en esa relación y quédate con ellas, lo demás a la basura, tíralo por la ventana. Si esa persona es la indicada volverá, si no, mejor, eso significa que algo más grande te está esperando.
Lo cierto es que nadie muere de amor, sólo Romeo y Julieta y afortunadamente ellos viven en los libros y en las películas. No existe un mundo de Cenicientas y príncipes azules, no necesitas ser rescatada por nadie, tú puedes sola y por eso, tienes todo el derecho a ser feliz. Pero esto nunca es fácil y más cuando todavía sientes alguna que otra cosa por el innombrable. Comienza por hacer cosas para ti, toma clases de algo, sal con tus amigas, lo que sea que te haga sentir bien contigo misma. Cierra tu círculo y ¡al ruedo otra vez!
Así que alegra esa cara, date un baño, ponte muuuuuy guapa y sal a la calle sintiéndote diferente. Como la niña que conocí, la de la fogata en la azotea, ella un día comiendo sola en un restaurante, de pronto se dio cuenta que no había mejor compañía que ella misma y que por su parte, ya todo había quedado saldado, el universo volvía a su equilibrio otra vez.